Michelle Bachelet. Humana.

No acostumbro a escribir de temas relacionados con la política, lo que no quiere decir que no me llame la atención, pero como ciudadana preocupada por el destino de nuestro país me gusta comentar cosas que me llaman la atención de la política y escribir desde mi perspectiva como ciudadana.

Hoy quiero comentar sobre la entrevista realizada a la Presidenta de Chile Michelle Bachelet publicada hoy domingo en el periódico El Pais, resaltando algunas de sus respuestas que me llaman la atención (favorablemente) y me llenan de esperanzas porque si Chile ha logrado ese nivel de civilismo (si pudiera llamársele así), de respeto, de compromiso ciudadano por un mejor país ¿por qué no puede pasar lo mismo en nuestro país?

Lo cierto es que se necesita un compromiso ciudadano que desee un mejor país y un compromiso de los políticos y políticas de nuestro país para que mejoremos como nación, en todos los sentidos de la palabra.

La Presidenta Bachelet termina su mandato en marzo del próximo año. Las elecciones se celebrarán en diciembre y la Constitución chilena no le permite la reelección inmediata.

(Resalto en negritas las partes que me interesa destacar y que me motivaron este post).

“Creo que en la vida como en la política hay que ser ética y estética. Jamás cambiaría yo una situación para beneficio personal. Si yo alguna vez hubiera pensado que hay que hacer un cambio a la Constitución, habría mandado un proyecto de ley que hubiera entrado en vigor desde el próximo gobierno en adelante, no para el propio. Creo de verdad que no es una buena política que las personas arreglen las legislaciones, el mundo político, la autoridad a su tamaño. Los cambios en las leyes, en las instituciones tienen que ser para mejorar la situación del país, no las situaciones personales. Eso no me interesa, y no estoy de acuerdo.”

Ante la pregunta sobre si tras vivir cuatro años la pompa del poder, ¿puede entender esa desesperación de algunos por no abandonarlo?

La Presidenta Bachelet responde:

“No soy un buen ejemplo para contestar eso. Lo único que quiero hacer en los meses que me quedan es cumplir los compromisos con la gente, porque a eso vine. Ahora… algunos dicen que el poder es sexy. Pero a mí no se me ha generado esa droga. El boato no me impresiona, ni los fuegos artificiales. Lo que sí he visto es que tiene que ver en algunos casos con la ambición personal, que puede ser ambición de fama. También he visto que hay en esto algo vinculado al género. No sé si es un tema de la naturaleza, o si es cultural, antropológico o biológico, o está relacionado con el momento de la historia en el que estamos. Pero he visto habitualmente en el trabajo (aunque, debo de insistir, hay de todo) que en general las mujeres se relacionan con el poder más desde la óptica del servicio a los demás.”

P. …Mientras que el hombre…

“No quiero caricaturizar…, pero… parece ser que en el caso del hombre se ofrece una suerte de atracción fatal más potente por el poder. Le pasa una cosa distinta (aunque insisto en que hablo en términos generales, y hay excepciones). Se le produce una atracción por el poder que vive de manera diferente de una mujer. No estoy hablando de presidentes de la república. Lo he visto en jefaturas diversas, ministerios, muchos sitios: hay gente espléndida, encantadora, que cuando llegan a un cierto cargo se transforman en pequeños dictadores. Algo les pasa con las alturas. Llegan y se marean. No es que no pase con las mujeres, pero mi pregunta es si las mujeres no han tenido todavía suficiente exposición al poder para mostrar estas características, si a lo mejor es sólo un problema de tiempo, os es que hay algo más ontológico.”

Esto me lleva a pensar muchas cosas, pero dos en particular quiero destacar. Primero, el egoísmo humano (que todos y todas en algún momento padecemos) y cómo los políticos y políticas prefieren en muchos casos satisfacerse personalmente o a sus propios partidos sin pensar en el resto de la población. Y en segundo lugar algo que siempre mi papá nos recordaba a mi hermano y a mi: el poder es como la sombra que pasa.

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