No doy un centavo más a los niños y las niñas de la calle



No es un tema nuevo en el país, pero percibo que en los últimos años se ha incrementado la cantidad de niños y niñas, especialmente de origen o descendencia haitiana que piden en las calles de nuestras ciudades.

Había escuchado y creo que lo he leído en la prensa también sobre redes que existen que se encargan de “repartir” niños y niñas en puntos claves de la ciudad, de mucho tráfico, a pedir dinero, limpiar vidrios, vender flores, entre otras cosas probablemente.

Son niños y niñas, como dije al principio, en su gran mayoría haitianos. Me he dado cuenta porque hablo con ellos/as, les noto el acento y aveces o no me entienden o yo no los entiendo a ellos/as.

Pero lo que se entiende en cualquier idioma es el abuso de los cuales están siendo víctimas.

Analizando desde hace tiempo ese tema, incluso con personas que han visto a vehículos repartir o recoger esos niños y niñas de nuestras calles, decidí no dar un centavo más a ninguno de esos niños y niñas, porque son utilizados por adultos que los obligan a realizar ese “oficio” y esos adultos son los que reciben el “producto” o recaudación de su “trabajo”.

Entonces mientras más dinero les de a esos niños y niñas, estaré apoyando el tráfico y el abuso contra ellos y ellas.

Todos los niños y niñas que se encuentren en nuestro país deben ser protegidos contra el abuso. (El Principio I del Código de Niños, Niñas y Adolescentes – Ley 136-03 – establece que tiene por objeto garantizar a todos los niños y niñas que se encuentren en territorio dominicano el disfrute pleno y efectivo de sus derechos).

Hace como una semana aproximadamente, mientras transitaba sur-norte en la Avenida Winston Churchill, frente al Multicentro Churchill, acompañada de mi amiga Claudia Lama (quien iba manejando) se acerca un niño y nos toca el vidrio. Yo le dije a Claudia: No le des nada. ¿Por qué? me preguntó Claudia. Y le explico que es una red que se encarga de “repartir” esos niños y niñas por la ciudad y que yo no iba a apoyar esa explotación. Claudia bajó el vidrio y le preguntó al niño: Mi hijo y la gente que te trae aquí ¿no te dan comida?. El niño dijo que no con la cabeza. Yo le pregunté ¿dónde están los que te traen?. El niño señaló hacia la esquina. (Luego otra amiga me dice que a esos niños y niñas los vigilan por si alguien los/as golpea y entonces ellos agreden a quienes golpeen los niños y niñas).

Como el gobierno, el Estado, no ha hecho nada para parar o prevenir esa probemática (si lo ha hecho, pues no me he enterado) creo que nostros y nosotras debemos actuar y no dar un centavo más a estos niños y niñas, no por ellos, sino por sus verdugos o verdugas. Lo que sí hago es que si ando con agua o una galletica, se lo doy, pero ni un centavo más de mi bolsillo les daré.

Ojalá se hiciera o una campaña publicitaria en ese sentido o de alguna u otra forma ponernos de acuerdo y concientizar a la ciudadanía para parar ese tráfico y explotación de niños y niñas en nuestro país.

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